ELLA SÓLO QUERIA TOCAR EL PODER

noviembre 21, 2009 at 7:13 pm (Uncategorized)

ELLA SOLO QUERÍA TOCAR EL PODER

Bajaba las gradas del edificio de la gobernación del Cauca con su corazón lastimado y llena de tristeza. Las lágrimas le corrían silenciosas por sus curtidas mejillas sin que ella hiciera el más mínimo gesto ni emitiera ningún lamento. Había sido humillada muchas veces en la vida pero nunca le había dolido tanto. Aunque era una campesina acostumbrada a sufrir sentía que este dolor no lo iba a superar nunca porque no lo entendía. Apretaba contra su pecho una mochilita de fique que tejió con todo cariño durante varios días a la cual le bordó el nombre de su destinatario: “Taita” Floro Alberto Tunubalá[1]. No le colocó el segundo apellido “Paja” porque un vecino le dijo que con ese apellido ese indio guambiano iba a ser igual de pajudo a los demás politiqueros oligarcas que engañan al pueblo. Ella se enojó mucho y cuando le estaba colocando el nombre del primer gobernador indígena de la comarca se acordó de aquellas palabras tan hirientes de su vecino y por eso no le bordó el segundo apellido. Tres días atrás, había empezado a organizar el viaje a Popayán. Colocó en la mochila ocho de los mejores huevos de gallina de campo que tenía en la finca de su vereda Chisquío del municipio de El Tambo que está ubicada a los pies del famoso cerro de Munchique, en la cordillera occidental. Anhelaba con todas sus fuerzas sentir el cariño de ese indio que fue capaz de derrotar a esa soberbia aristocracia payanesa en las elecciones del año 2000. Se lo imaginaba sentado en una silla grande y alta como las que veía en las cartillas de sus nietos.

Quería estar a primera hora en Popayán y por ello decidió viajar en las horas de la tarde de ese domingo de principios de marzo. Se quedaría en el pueblo de El Tambo, en un hotel que administraba un viejo amigo desplazado por la violencia, y al otro día lunes saldría para la capital a cumplir con la misión que se había propuesto. Quería llevarle ese regalo al flamante gobernador quien hacía varias semanas se había posesionado como primer mandatario del Cauca. Le costaba mucho trabajo llegar hasta Popayán, ya que era muy vieja y no estaba para esos trotes. Sin embargo estaba tan entusiasmada con la idea de ir a saludar a Floro, como ella le decía, que ningún sacrificio le iba a impedir cumplir con esa meta. Ella participó en las movilizaciones campesinas e indígenas de los años noventa y compartió reuniones con muchos dirigentes guambianos en medio de esas luchas. Para ella todos eran iguales a Floro, no porque lo conociera personalmente sino porque un sobrino le llevó varias fotografías publicadas en El Liberal y en El Tiempo. “Imagínese doña Inés, si salió en El Tiempo es porque es algo muy importante”, le comentaba a su vecina días después de esa histórica elección. Había pegado esas fotografías al lado de una imagen de la Virgen del Carmen y del Niño Jesús de Praga, a quienes les rezó con mucha devoción pidiéndoles que ganara el candidato de La Minga.

El primer día fue imposible que la dejaran entrar siquiera a la gobernación. Se realizaba una protesta de los docentes y el edificio estaba rodeado de policías antidisturbios. Ella no entendía muy bien que era lo que pasaba pero se explicaba la situación diciéndose a sí misma que eso era que “el Floro” debía estar exigiéndoles a los maestros que trabajaran con más cumplimiento y dedicación, porque de acuerdo a su experiencia casi todos los profesores asisten un rato a la escuela y se van rapidito. No es como antes que los maestros vivían en la vereda y eran verdaderos líderes comunitarios, pensaba para sí. “Eso debe ser”, se repetía a sí misma. Al otro día fue temprano como le había recomendado el policía que la atendió en medio del tumulto y la bullanguería que hacían los manifestantes. Pudo pasar por la barrera donde requisan a la gente aunque no le querían dejar pasar los huevos, diciéndole que ellos se los guardaban. Se rieron sonoramente cuando les dijo que ese era el único regalo que le traía al gobernador y que no le podía entregar la mochila vacía. Después de unos minutos se la entregaron y la dejaron pasar.

Se la pasó todo el día esperando a que entrara para poder verlo y saber que estaba allí y que iba a poder saludarlo. Como a las 4 de la tarde un joven bien vestido se le acercó y le preguntó que a quién estaba esperando y que de dónde venía. Ella le dijo que era vecina de Chisquío en el municipio de El Tambo y quería hablar con el gobernador. Le explicó que desde por la mañana se había anunciado con la secretaria y que ella le había dicho que esperara, que el gobernador tenía varias reuniones por fuera del edificio pero que más tarde llegaría. También le dijo al joven que el gobernador no llegaba todavía porque no lo había visto entrar. “Pobrecito, esta es la hora y quien sabe si habrá almorzado”, pensó en voz alta. El empleado se sonrió y le explicó que el gobernador estaba adentro, en su despacho, que él entraba directamente por un ascensor interno y por eso no lo había visto pasar. Le dijo que esperara, que él iba a ver qué podía hacer, pero que primero le explicara cuál era la petición que le traía, que si la tenía por escrito. Ella le dijo que no, que ella lo único que quería era saludarlo y entregarle un regalo que le había enviado la comunidad. Esto último lo inventó tratando de darle más importancia a su gestión. El joven le insistió que le contara sobre la solicitud que traía, porque su función era ayudarle a su jefe a preparar las citas y si no hacía esa tarea, de seguro lo regañarían. De todas formas la anciana campesina le insistió que quería verlo y saludarlo, que venía desde muy lejos y no se iba a ir sin que la recibiera. El funcionario se comprometió a ayudarla.

Ya faltaban cinco minutos para las seis de la tarde y seguía allí esperando. Un vigilante se le acercó y le dijo que ya iban a cerrar pero como ella estaba segura que la recibirían le dijo que no se preocupara, que se mantendría a la espera. A las siete y media de la noche la secretaria se le acercó y le comunicó que desgraciadamente el gobernador ya no podría atenderla porque se había presentado un problema de orden público, era una emergencia, y había salido a la carrera. Que con mucho gusto le entregaría el regalo y le daría las razones que fueran del caso. No le prometía que al otro día la fuera a atender porque el gobernador salía muy temprano para Bogotá y no volvería hasta dentro de diez días ya que viajaba para Francia. Al ver la cara de Polita, que así se llamaba la campesina tambeña, la secretaria se puso muy incómoda y trató de consolarla diciéndole que Floro era muy buena persona, que el problema era que estaba muy ocupado, que todo lo que hacía era por su gente sencilla, y que en un viaje que hiciera a El Tambo seguramente podría saludarlo. Ella no contestó nada y salió en silencio del salón hacia las gradas.

Un dirigente popular que días después se enteró de este caso afirmó con tristeza: “Ella lo único que quería era tocar el poder”.        


[1] Dirigente del pueblo Misak (guambiano), senador, primer gobernador del Cauca indígena y representante de sectores populares (Bloque Social Alternativo).

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