UNA PROPUESTA DE CONCLUSIÓN

Encuentro sobre estrategias de construcción de economía propia

UNA PROPUESTA DE CONCLUSIÓN

Héctor-León Moncayo S.

La siguiente propuesta surge de las reflexiones que, una vez terminado nuestro encuentro,  me suscitó el balance de todo cuanto allí se dijo y se discutió.  No es, pues, una conclusión que allí se hubiera adoptado, y seguramente tiene mucho de las ideas que yo mismo expresé, pero tampoco es ajena a las posiciones que otros manifestaron y a los resultados de las controversias que, de manera inevitable, suelen modificar nuestro pensamiento (si estamos dispuestos), razón por la cual siento que bien podría ofrecerse como una propuesta de acuerdo transitorio que, a su vez, se convierta en punto de partida de nuevas y más profundas discusiones. Salvo que, a juicio de los participantes, se halle en franca contradicción con sus apreciaciones. Pero ya se verá. De todas maneras, la idea  es avanzar, evitando que cada encuentro signifique empezar de cero. Esto no excluye el compartirla con muchas más personas y organizaciones, sino que, por el contrario, nos obliga a hacerlo. Aunque la forma como he redactado estas líneas no deja de ser apresurada y demasiado sintética y quizás sólo sea comprensible para quienes estuvimos en esta fructífera conversación.

La importancia de plantear bien los problemas

Es lógico que una familia campesina, e incluso una comunidad indígena, cuando se plantea las posibilidades y los problemas de una economía propia se pregunte principalmente por cuestiones que atañen a su quehacer diario.[1] Por ejemplo, la distribución de las actividades. Cuánto dedicamos a la auto-subsistencia y cuánto para vender (o cambiar). Y en este último caso cuánto (y qué productos) se destina al mercado nacional (o local) y cuánto para exportar en caso de que sea posible. Es sólo sobre esta base como se plantea la cuestión de la preservación de la naturaleza y la recuperación de la biodiversidad, entre otros temas que nos angustian. Estas decisiones constituyen un problema vital cuya importancia estamos lejos de menospreciar. Se trata de la sobrevivencia en medio de la guerra implacable de la competencia que tratamos de sortear individualmente. (Sin contar la otra, la directamente militar).[2] Pero al hablar de alternativas es un enfoque que nos ofrece pocas soluciones. No hay otra forma de considerarlas que con una mirada de conjunto. [3] Como economía campesina (o popular) y de los pueblos indígenas, como un todo, fundamentalmente a escala regional.

El obstáculo del mercado

Es en este sentido que debe tomarse como punto de partida la realidad del mercado capitalista. Aparece como un condicionamiento, como una restricción que a veces nos resulta insuperable  desde lo individual, y así se falsea la cuestión de la viabilidad de las economías propias o populares.

En efecto, la familia, o la comunidad, en su situación individual, se enfrenta a un mercado que le impone ser productivo y rentable. Si no lo acepto me arruino. En ese orden de ideas parece que la única solución para mantener o construir otra relación con la naturaleza – de armonía y no de expoliación – que es lo que queremos reivindicar como propio (sumado a la seguridad y soberanía alimentarias), es dedicarse fundamentalmente a la producción de alimentos para la auto-subsistencia. Y tal vez un excedente para intercambiar con los vecinos.

Pero es claro que esta alternativa no se sostiene. Cualquier campesino podría objetar inmediatamente que, de todas maneras, es mucho lo que necesita para sobrevivir y que tiene que adquirir en el mercado y con dinero contante y sonante. Y para tener dinero, o jornalea por fuera de la parcela o busca producir algo que se venda. En este último caso sólo quedaría la posibilidad de buscar productos que, obtenidos de manera limpia, orgánica, tengan a la vez buena salida. Sobra añadir que se necesitaría, o que, al mismo tiempo, tenga suficiente productividad para que el costo por unidad sea bajo para que deje ganancia, o que pueda venderse a mayor precio para que cubra los mayores costos.

Es por esta razón que han adquirido popularidad dos alternativas capitalistas (que a veces se combinan) para la economía campesina e indígena. La primera es la promoción de “productos orgánicos” o “limpios” que son aceptados – con sobreprecio – en mercados de élite. La segunda, los productos “exóticos”, o materias primas, que sean exitosos en el mercado mundial. La famosa conexión directa entre lo local y la globalización. Sobra recordar que a esta segunda alternativa se le hace propaganda añadiéndole la “maravilla” de la vinculación de los pequeños productores a “cadenas de producción” dominadas por grandes empresas nacionales o por las multinacionales.

Hacia la transformación de las condiciones de conjunto

De lo anterior se deduce fácilmente que la única forma de encontrarle salida a esta aparente encrucijada es plantearse, desde una mirada global, una intervención, transformación, del mercado. O dicho más exactamente, para no utilizar la palabra mercado: un replanteamiento – que significa reconstrucción – de las fases complementarias de distribución, cambio y consumo.

Es ahí donde interviene otro atributo que hemos resaltado de la economía propia: la solidaridad, como alternativa a las relaciones de competencia.  A este atributo aludimos la mayoría de las veces cuando destacamos las posibilidades y las virtudes del trueque.  Sin embargo, no es indispensable, ni es la única posibilidad. Puede ser también una forma de mercado, es decir con intervención del dinero y formación de precios. (No olvidemos que, por lo pronto, el capitalismo sigue existiendo en el conjunto de la sociedad nacional y mundial). Sólo que es una forma de mercado regulada por el principio de solidaridad que sería la base para definir modalidades de división del trabajo. En principio, tal vez, según el tipo y localización de las tierras, desde el lado de la producción, y según el tipo de necesidades desde el lado del consumo. Obsérvese aquí que un efectivo plan de recuperación de la biodiversidad implica intervenir simultáneamente en los patrones de consumo y en la producción.

Esta alternativa supone un enfoque regional. No es que se descarte el mercado nacional y mundial (probablemente se mantienen y surgen oportunidades en este sentido) pero sí supone como prioridad y punto de partida el ámbito regional (que incluye lo local).  Pero no se trata de un simple expediente para facilitar una  propuesta, es que lo regional existe como el lugar verdadero donde viven las economías populares. Por eso cuando se dice regional no nos referimos estrictamente al mercado regional –  de hecho está interrelacionado con el nacional y el mundial, al menos por los productos (y servicios) o las políticas que llegan e intervienen- sino a su realidad social.  (Ver documento de Hernán Darío).

Esto significa  que tenemos que partir del ordenamiento territorial, es decir, entre otros factores,  de la distribución de la población y de las actividades en el espacio geográfico, y de las relaciones sociales que allí se establecen. Significa que tenemos que luchar contra el reordenamiento que nos está imponiendo el capital (a través, entre otras cosas, de la guerra) y buscar conscientemente el ordenamiento que conviene a nuestra perspectiva de economía propia.

La creación de una condición política de posibilidad

Una primera consecuencia –política- consiste en que tenemos que avanzar en cada vez mayores grados de apropiación y control sobre el territorio. No hablamos exclusivamente de propiedad, aunque sí se tiene en cuenta, por supuesto, la necesidad de avanzar en la recuperación de tierras, sino de formas sociales – colectivas, cooperativas, solidarias –  de tomar decisiones sobre el ordenamiento de nuestro territorio, lo cual implica, en el momento actual, la recuperación de los ecosistemas y, en general, del paisaje, es decir de la biodiversidad.

Esto es bastante conocido por los pueblos indígenas pero se aplica también, a escala regional, a pueblos afrodescendientes, y a la población campesina ( y urbana), en cuyo caso supone formas de organización, de cooperación y de solidaridad que van más allá de las formas creadas para la reivindicación, a veces de naturaleza puramente gremial.

Replanteamiento del problema e identificación de las salidas

Una consideración fundamental en este enfoque tiene que ver con la identificación de los circuitos alimentarios regionales, para su fortalecimiento o transformación. Se destaca entonces otro atributo que le hemos señalado a la economía propia: la preocupación fundamental, prioritaria, por la seguridad y la soberanía, o autonomía,  alimentarias. La producción para la vida, hemos dicho. Criterio que, dicho sea de paso, nos aleja de los dogmas de la productividad y la rentabilidad en el sentido capitalista. Dogmas que se validan siempre en el corto plazo, en lo inmediato. – ¡Qué importa que la tierra se arruine si lo que interesa es ganar en el día de hoy! –  Es un criterio que nos coloca, entonces, en una filosofía de armonía con la naturaleza, porque estamos pensando es en la alimentación, incluso de las futuras generaciones.[4]

Sin embargo, este alejamiento de los dogmas sólo es viable con una transformación del contexto. En un enfoque regional, por cierto, es claro que no podemos reducirnos a la producción y distribución de alimentos. Existen actividades de transformación, de producción de otro tipo de bienes, de prestación de servicios, de comercio, incluso. Es tal vez en esta consideración donde reside la clave de una intervención transformadora del mercado.

Se trata de establecer nuevas relaciones entre producción y consumo. Relaciones sociales – de cooperación y solidaridad –  entre personas que no son simplemente “productores” y “consumidores” sino seres humanos que pueden tener – y de hecho tienen – vínculos de afecto, de parentesco o por lo menos de reconocimiento mutuo. Se trata de romper, en la práctica, la división y separación entre “campo” y “ciudad”. 

Es por eso que debe resaltarse la importante experiencia que se está desarrollando en diversas regiones del país – incluida la de Bogotá – en las cuales los campesinos, directamente, se vuelcan sobre las ciudades a ofrecer sus productos, para romper, ciertamente, con oprobiosas cadenas de intermediación, pero sobre todo estableciendo nuevas relaciones con esas personas que se consideraban en su lejanía simples compradores o consumidores. En reciprocidad, estos empiezan a considerarlos en lo que son y valen, como personas reales que, entre otras cosas, cumplen un papel decisivo en la sociedad.  Nace así un principio de solidaridad.

Tiene, pues, un valor social, cultural y político de reconocimiento del campesinado. Pero no es la única alternativa. Las cadenas de distribución pueden asumir diferentes modalidades, incluyendo, como se señaló antes, las actividades de transporte y de comercialización, como actividades específicas. En la práctica, además, no existe una simple división entre “campo” y ciudad”; en la realidad se trata de una articulación compleja entre poblados de diferente tamaño y función dentro del conjunto regional.

Hacia una estrategia

En síntesis, la conclusión principal de esta reflexión consiste en que la realidad o la propuesta de economía propia, no puede considerarse como un conjunto de alternativas que se predican para cada una de las unidades populares (campesinas, indígenas, afros) de producción, con énfasis en lo agrícola, y que tendrían que asumirlas en su aislamiento, guerreando en el día a día en el salvajismo del mercado. Se trata, por el contrario, de una iniciativa consciente, de una propuesta de transformación hacia el conjunto de la sociedad, que se materializa en el espacio regional. En fin, de una propuesta colectiva y para la colectividad.

Se trata, en ese sentido, de una propuesta política – y no solamente productiva – con todas las implicaciones que tiene: de capacitación, de organización, de alianzas, y de confrontación con las políticas públicas que vienen del Estado o más exactamente desde las formas del poder establecido.

Si todo esto está claro, las iniciativas de rescate, o transformadoras, en la producción, seguramente importantes y complejas desde luego, como la agricultura sustentable, vendrán por añadidura.


[1] La denominación “economía propia” es desde luego objeto de controversia. La inspiración evidente es la economía –si así puede llamarse- de los pueblos indígenas, entendiendo por ajena, o importada, o venidera, la que trajeron los españoles y se ha prolongado en el capitalismo. Tiene la ventaja de que señala el capitalismo, hoy en la forma de un modelo de desarrollo  neoliberal basado en la exportación de materias primas, como una imposición extraña. Resalta la importancia de la producción de alimentos en una relación armónica con la naturaleza. Pero tiene la desventaja de que no puede reducirse a la tradición y tiene que plantearse también como algo por fortalecer y algo más por construir. Diversas son sus formas, de modo que sólo puede entenderse como un hecho intercultural. No obstante, denominaciones aparte, es claro que queremos valorar las economías populares: campesinas, de pequeña producción o servicios, cooperativas, solidarias o colectivas, indígenas, afrodescendientes y otras, como una alternativa al modelo de explotación y depredación que representa el modelo capitalista. Para empezar, al menos como punto de partida.

[2] Es cierto que existen en Colombia, y en otros países, ejemplos maravillosos de lo que se llama agricultura sustentable, producción limpia u orgánica, formas cooperativas y solidarias, pero no dejan de ser experiencias piloto, con apoyos externos, muchas veces de  “cooperación internacional”. Nuestra aproximación es distinta. Queremos llegar a propuestas generalizables que desarrollen esta línea pero que sean eficaces en su objetivo, mejoren las condiciones de vida de los sectores populares y sean viables y posibles por sí mismas.

[3] He aquí, si se quiere, una forma de entender la política. Como lo que tiene que ver con la sociedad; como una mirada global, en oposición a la mirada individual inmediata.

[4] Esta es quizás otra manera de entender la política, como lo que se refiere al largo plazo, en oposición a lo inmediato de las reivindicaciones.

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4 comentarios

  1. jorge Prudencio Lozano B. said,

    Lo que escribo aquí no se discutió en el evento (al que solo pude llegar el último día) peo opino: vuelvo a pensar que quienes no estamos directamente involucrados con la producción agropecuaria, si creemos sinceramente en la necesidad de virar la economía hacia una dirección distinta a la que trae el mercadeo antiecológico e injusto, por lo menos deberíamos comprarle directamente a los campesinos, sin dejernos obnubilar por sofismas de los supermercados como “calidad, higiene y comodidad” porque en las galerías y mercados populares también se dan esas características, solo que dentro de expresiones culturales distintas a la engreída artificialidad de los ambientes en los almacenes de cadena.

    Es decir que también sería importante promover una ética del consumo (acaso de manera especial para la clase media), lo cual requiere de parte de los productores, a su vez, una estrategia de atención al consumo de todos los sectores, a fin de no promover desde la ética del productor, una élite que compra “productos sanos” a mayor precio, con lo que aparentemente los de bajo precio, que consumirían las personas de menor poder adquisitivo, no serían sanos. Eso sería promover otra perversión: hacer el juego a la neurosis del concepto “valor agregado” y afianzar a la sanidad de los productos en una de sus expresiones.

    Considero que la sanidad de los alimentos que se consumen no debe ser otro medio de discriminación. En lugar del tal valor agregado, lo que se debe buscar es la soberanía alimentaria.

    Bueno, no me meto en más honduras económicas que no manejo pero en fin, este es un intento por escribir algo que muy en el fondo invoque gestos poéticos en medio de la chambonería del mercado.

    Saludos.

  2. Luis Antonio Córdoba said,

    El texto recoge, en términos generales, las lineas de discusión gruesas que se plantearon durante el encuentro sobre economía propia. Pero, en mi parecer, debe incorporarse también la perspectiva cultural en el sentido de entender que el capitalismo, la actual globalización y el predominio de ese mercado salvaje, no son sino expresión del PARTICULARISMO CULTURAL DE EUROPA (y luego de ESTADOS UNIDOS) que se UNIVERSALIZO por el mundo, bajo las formas políticas y militares del COLONIALISMO y el IMPERIALISMO.
    De otra parte si bien en las economías y prácticas económicas que harían parte de lo “propio”, como el caso del TRUEQUE, el significado de las mismas puede estar asociado a VALORES ETICOS como la SOLIDARIDAD, también acoge valores como la RECIPROCIDAD. Esto es para decir, que en el juego político de las economías propias, MATERIALIZADA EN LO QUE LA GENTE COLECTIVAMENTE HACE y PIENSA, no podemos hablar solo de producción material (de cosas, de bienes), sino de producción CULTURAL, de PRODUCCION DE VALORES, de SIMBOLOGIAS.
    SI DESCONOCEMOS ESTA PARTE RELATIVA A LA ECONOMIA DE LOS PUEBLOS, ESTAREMOS REINCIDIENDO EN LOS MISMOS DETERMINISMOS OCCIDENTALISTAS QUE QUEREMOS RESIGNIFICAR O RESPECTO DE LOS CUALES QUEREMOS HACER RUPTURAS EPISTEMOLOGICAS

  3. encuentroeconomiapropia said,

    El texto recoge, en términos generales, las lineas de discusión gruesas que se plantearon durante el encuentro sobre economía propia. Pero, en mi parecer, debe incorporarse también la perspectiva cultural en el sentido de entender que el capitalismo, la actual globalización y el predominio de ese mercado salvaje, no son sino expresión del PARTICULARISMO CULTURAL DE EUROPA (y luego de ESTADOS UNIDOS) que se UNIVERSALIZO por el mundo, bajo las formas políticas y militares del COLONIALISMO y el IMPERIALISMO.

    De otra parte si bien en las economías y prácticas económicas que harían parte de lo “propio”, como el caso del TRUEQUE, el significado de las mismas puede estar asociado a VALORES ETICOS como la SOLIDARIDAD, también acoge valores como la RECIPROCIDAD. Esto es para decir, que en el juego político de las economías propias, MATERIALIZADA EN LO QUE LA GENTE COLECTIVAMENTE HACE y PIENSA, no podemos hablar solo de producción material (de cosas, de bienes), sino de producción CULTURAL, de PRODUCCION DE VALORES, de SIMBOLOGIAS.

    SI DESCONOCEMOS ESTA PARTE RELATIVA A LA ECONOMIA DE LOS PUEBLOS, ESTAREMOS REINCIDIENDO EN LOS MISMOS DETERMINISMOS OCCIDENTALISTAS QUE QUEREMOS RESIGNIFICAR O RESPECTO DE LOS CUALES QUEREMOS HACER RUPTURAS EPISTEMOLOGICAS

    Atte,

    ANTONIO CORDOBA GOMEZ-Unicauca

  4. german said,

    Destaco para comentar el siguiente aparte del articulo:

    “…Se trata de establecer nuevas relaciones entre producción y consumo.

    Relaciones sociales – de cooperación y solidaridad – entre personas que no son simplemente “productores” y “consumidores” sino seres humanos que pueden tener – y de hecho tienen – vínculos de afecto, de parentesco o por lo menos de reconocimiento mutuo. Se trata de romper, en la práctica, la división y separación entre “campo” y “ciudad”.

    Al respeto, se plantea:

    En hora buena!! Amigos del futuro:

    Veamos una aproximación a lo que pretende ser:

    ACCIÓN DIRECTA COMUNITARIA LATINOAMERICANA

    Para estar a la altura de los tiempos de hoy como líderes de los pueblos Latinoamericanos y de las demás naciones del Tercer Mundo, se ha de tener en mente que la consciencia planetaria está ya madura para:

    1, Una profunda Democratización de la Economía Pública Estatal de nuestros países coloniales (colonia interna o ‘colonia de colonos’) subdesarrollados y dependientes de los imperios de turno desde siempre y hasta ahora.

    2, Que tal democratización del Capital de las Empresas y de las Instituciones del Estado, debe recaer en manos de las organizaciones sociales, comunitarias y de usuarios de los servicios públicos esenciales en todos los entes territoriales.

    3, Que al Efecto, el Estado Nación y sus Entes territoriales deberán entonces democratizar su paquete accionario y ordenar por acuerdos de junta directiva que dichas acciones, en igual número, 1 o,
    máximo 4, en caso de federaciones de organizaciones solidarias).

    4, Que deben establecerse SUCURSALES de las Entidades y Empresas Estatales así democratizadas en las Zonas Interdepartamentales o, interprovinciales o, inter-estaduales ( en países con estados federados en Latino América, tales como Méjico y Venezuela precisamente); a fin de asumir efectivamente el Proceso de Desarrollo de los nuevos territorios : ya distritos, ya Subregiones)

    5, Que el conjunto de las Entidades y Empresas desconcentradas en su poder tanto accionario, como político-administrativo al establecer Juntas
    Directivas Subregionales, podrán organizar un Centro Administrativo del Desarrollo Subregional con líderes de las mismas Organizaciones sociales participantes en el paquete Accionario.

    6, Que podrán liderar estos procesos de Desconcentración del Poder Económico y Político efectivo en tales nuevos espacios territoriales, con el liderazgo de los Organismos Centrales de Planeación Económica de la Nación, los Departamentos y del los municipios de la Zona Interdepartamental.

    7, Darán origen a los Comités Inter-gremiales de la Zona Interdepartamental o, Subregión

    8, así mismo, a los CONSEJOS ECONÓMICOS SUBREGIONALES
    Y/O FRONTERIZOS

    9, Se establecerán PARQUES INDUSTRIALES ….AND SO FORTH!!!

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